Jorge, que es un excelente bailarín, llega a una fiesta y no encuentra una pareja para bailar. En eso mira a una linda señorita que está en una mesa con sus padres y se dirige hacia ella. -¿Me permitiría bailar? le dijo Jorge. Los padres y la joven se miran entre si y le responden: -Disculpe joven, lo que pasa es que la señorita no tiene piernas. Jorge, apenado responde: -Perdóneme, pero no era mi intención ofender, no sabía lo de su estado, pero aun así quisiera bailar con ella, yo la sujetaría fuerte y así bailaríamos sin problemas. La señorita y sus padres aceptaron y los dos empezaron a bailar. Pero como la chica estaba muy pegada a las partes íntimas del joven, éste empezó a excitarse y ella también. Entonces él le propone a la chica estar en un lugar más solos y ella le dice que en la parte trasera de la casa hay un árbol de mangos y que ahí puede ser. Cuando están debajo...
Un poco de humor hace muy bien