Un hombre de avanzada edad se puso de novio con una joven de dieciocho años, algo bastante normal en estos tiempos que corren. Decidieron casarse, y el viejo, por las dudas, le propuso dormir en cuartos separados. Así, cuando él tuviera ganas de hacer el amor, iría al dormitorio de ella. En la noche de casamiento, luego de la fiesta y ya instalados en la casa, la chica sintió un golpe en la puerta. Abrió y se encontró a su anciano marido.
- ¿Hacemos el amor? -dijo él.
- Claro que sí -respondió contenta la mujer al ver que su marido, a pesar de la edad, todavía era potente.
Hicieron el amor y el hombre se retiró a su dormitorio, pero a la media hora golpeó de nuevo la puerta.
- ¿Hacemos el amor? -dijo el viejo.
- Por supuesto -respondió ella, contenta de verlo tan fogozo. Luego de hacer el amor, él regresó a su dormitorio. A la medio hora volvió a golpear en lo de su amada.
- ¿Hacemos el amor? -preguntó.
- Sí, sí ... -dijo ella, turbada por la energía del viejo, aunque le parecía algo maravilloso que quisiera hacerlo por tercera vez.
Hicieron el amor y el hombre regresó a su dormitorio. Pero al rato golpeó por cuarta vez.
- ¿Hacemos el amor? -preguntó sonriente y fresco como una lechuga.
- La esposa no podía creer que poseyera tanta vitalidad.
- ¿De dónde sacas tanta fuerza y ganas, mi amor? Es la cuarta vez en la noche que quieres hacer el amor!
El anciano la miró desconcertado.
- ¿Qué? ¿Ya estve antes?
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